Son las 20:34 de un día más. O de un día menos, no sabría como calcularlo. Mi impotencia, y mi rabia contenida, crecen mientras leo artículos de la realidad de Gaza.
Siento una profunda decepción del género humano. Nuestras víctimas son cada día más, y quizá por eso, nuestras ganas de luchar también. Pero también nuestros miedos.
Nada podrá con nuestro sueño de justicia y libertad para nuestro pueblo. Son anhelos y suspiros en el aire; quizá surjan del futuro incierto; quizá existan para hacernos más fuertes, o quizá, simplemente, para ser conscientes de que la lucha solo acaba de empezar. Sea como fuere, resistiremos con dignidad.
Y la victoria será nuestra.
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